El Sermón del Monte PVIII – Ojo por Ojo…

Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la *camisa.  Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda. Mateo 5:38-42.

Predicador: Carlos Mendivelso

En este episodio aprendemos que Jesus hace un cambio de paradigma, muestra una manera diferente de hacer las cosas-No pelees ni te vengues, “cede” -; Jesus expone un nuevo reglamento en un nuevo reino: ¡Su reino!, Si bien la ley es perfecta, en  gran manera estaba desviada del propósito de Dios y pareciera que las prácticas del pueblo obedecían al amaño e interpretación que hacían los doctos de la ley en aquel entonces; por eso Jesus insistía en su discurso: “Oyeron que fue dicho… pero yo les digo”. Este episodio aprendemos sobre aquello de “ojo por ojo, diente por diente…”, y nos invita a ser perfectos, maduros, completos, aquellos capaces de amar al enemigo, tal como lo enseña Jesus: Cuando nosotros éramos enemigos de Dios  por nuestros pecados,  fuimos amados por quien cedió sus derechos a fin de justificarnos, precioso salvador que cede por amor a nosotros.  (Rom. 5:10-11).

El Sermón del Monte PVII – Los juramentos

También han oído que se dijo a sus antepasados: “No faltes a tu juramento, sino cumple con tus promesas al Señor.” Pero yo les digo: No juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer que ni uno solo de tus cabellos se vuelva blanco o negro. Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no. Cualquier cosa de más, proviene del maligno. (Mat 5:33-37).

Predicador: Carlos Mendivelso.

Decir la verdad puede meternos en problemas, pero decir mentiras es aún peor. Con esta frase comienza su exposición Carlos Mendivelso sobre este tema tan delicado y lleno de controversias. Este pasaje forma parte de esa serie de correcciones que Jesús hace a las tradiciones judías que los maestros de la ley habían puesto como pretextos para justificarse a si mimos.

Desde la antigüedad necesitamos hacer juramentos para confirmar nuestra palabra, necesitamos esta confirmación porque no somo fiables. Por naturaleza somos mentirosos, o en el mejor de los casos tenemos tendencia a distorsionar la verdad, tenemos un corazón engañoso, tal como lo atestiguan las Escrituras. Cuando Jesús dice estas palabras es para llevarnos a:

  1. Enfrentarnos con la realidad de la falta de integridad de los fariseos y de nosotros mismos, que llevan a crear tradiciones que tergiversan el mandamiento, y que justifican y excusan la falta de integridad.
  2. Confrontarnos con nuestra necesidad de ser íntegros, de decir la verdad y mantenernos en ella.
  3. Hacernos ver que la mentira destruye, corrompe y daña las relaciones.

Este mensaje de Jesús tiene por objetivo también:

  • Corregir la mentira de nuestra vida, hacernos ver que no necesitamos testigos o juramentos para confirmar nuestra palabra porque ya tenemos a Dios de testigo.
  • Recordarnos que debemos ser veraces, tener una palabra firme. Nuestra posición debería ser de si y de no, tal como nos lo recordó Jesús.

La reflexión final es un llamado a identificarnos con la verdad, con el único que nos puede hacer veraces, él único que nos puede guiar por el camino de la integridad: Jesucristo.

 

El Sermón del Monte PVI – Miradas que pueden matar

«Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.” Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno.» Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio.” Pero yo les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también. (Mat 5:27-32)

 Predicador: César Villanueva.

César Villanueva, desde su experiencia personal y profesional como terapeuta junto con dos ejemplos personales nos acerca a este tema tan destructivo para las familias y los individuos, especialmente en nuestra sociedad tan erotizada y llena de símbolos e ídolos sexuales que entran por la sola mirada.

En esta continuación de la serie del Sermón del Monte, el predicador nos lleva a ese momento en el que Jesús nos habla sobre el adulterio para mostrarnos tres grandes verdades:

  1. El adulterio es mucho más que sólo el acto físico. Los fariseos en su tiempo, y la sociedad actual son de la posición de que el pecado está en el hecho consumado. Sin embargo, el pecado es algo del corazón que nace mucho antes que el acto de pecar.
  2. El adulterio es profundo y tenaz. Podemos apartarnos de una acto de pecado y salvarnos de caer, pero quedan en el corazón pensamientos y motivaciones. No basta con decir solo un ¡Gracias a Dios que no caí!
  3. El adulterio tiene un efecto pervertidor en nuestro corazón. Corrompe el alma y la ciega ante el pecado. Por esto debemos odiar el pecado, buscar con todas nuestras fuerzas y medios destruirlo en nuestras vidas.

Todo este mensaje no lleva a pensar en lo valiosa que es nuestra pureza de corazón, tan valiosa que Jesús nos recomienda pagar un alto precio, “pagar hasta con un ojo de la cara” para mantenerla. Y para este fin se nos dan estas dos recomendaciones finales: 1) no proveer para la carne y 2) frenar la carne y sus apetitos.

 

El Sermón del Monte PV – ¡Me saca la piedra!

«Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.” Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.» Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. »Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo. (Mat 5:21-26)

 Predicador: Milton Acosta

Hay muchas cosas que nos enojan y molestan, nos indignan y nos causan ira. Podemos molestarnos por situaciones tan triviales como la desaparición de un destornillador su sitio cuando lo necesitamos; o por situaciones como la muerte de un niño por el hambre en una región del país con muchos recursos y riqueza.

¿Existen diferentes tipos de ira? Y en caso de que existan, ¿Todas tienen el mismo castigo?

Este mensaje nos lleva por esa parte del sermón del monte tan difícil, en la que Jesús nos habla de la ira y del homicidio. De una manera muy sencilla, Milton Acosta a través de los mismos ejemplos de Jesús en el pasaje nos muestra que:

  1. Cuando Jesús habla de asesinar al hermano, se está hablando de una estrategia escalonada de pecado a la que nos conduce la ira, más que una condenación por sólo decir “necio” o insultar al hermano.
  2. Cuando Jesús nos habla del insulto nos deja ver las características del mismo y del rol del que insulta y del insultado.
  3. Cuando Jesús nos habla del insulto, nos deja ver también la imperiosa necesidad de buscar la reconciliación.

En esta sección del sermón del monte la invitación no es sólo a cuidar nuestro trato con otros, sino a buscar siempre la reconciliación con la urgencia del que tiene la deuda que que obliga a buscar de forma desesperada un acuerdo con el acreedor antes de que se le castigue por el incumplimiento.