Especial: entrenamiento de rebaños y IV

Expositor: Felipe Web.

Especial: entrenamiento de rebaños III

Expositor: Felipe Webb.

Especial: entrenamiento de rebaños II

Expositor: Felipe Webb.

Especial: entrenamiento de rebaños I

Expositor: Felipe Webb.

Si eres anfitrión o facilitador de un rebaño del Redil, o estás interesado en tener células o grupos en casa efectivos, esta serie de audios te será de gran bendición.

Dios es fiel y soberano.

Predicador: Luis Eduardo Ramírez.

Vivir con integridad

Predicador: Luis Guillermo Sanín.

 En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio. Por medio de él todas las cosas fueron creadas; sin él, nada de lo creado llegó a existir. En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla. Vino un hombre llamado Juan. Dios lo envió como testigo para dar testimonio de la luz, a fin de que por medio de él todos creyeran. Juan no era la luz, sino que vino para dar testimonio de la luz. Esa luz verdadera, la que alumbra a todo ser humano, venía a este mundo. El que era la luz ya estaba en el mundo, y el mundo fue creado por medio de él, pero el mundo no lo reconoció. (Jua 1:1-10, NVI)

 Lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos respecto al Verbo que es vida. Esta vida se manifestó. Nosotros la hemos visto y damos testimonio de ella, y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y que se nos ha manifestado. Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que también ustedes tengan comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa. Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros. (1 Jn 1:1-10, NVI).

Hoy Luis Guillermo Sanín nos comparte este mensaje inspirado, que a través de un vistazo por estos dos pasajes nos recuerda la importancia y relevancia de desarrollar una vida íntegra, sin dualidades, con los dos pies puestos en el reino de Dios.

El contraste de los dos pasajes de Juan nos revelan la consistencia del  apóstol a lo largo de su vida, nos habla de un discurso mantenido siempre: “lo que ha sido desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado, lo que hemos tocado con las manos, esto les anunciamos…”.

Hoy se nos hace un llamado a recordar que:

  • El reino de Dios no es algo lejano en un futuro remoto, sino que es algo de ahora, para vivirlo en el presente.
  • Vivir el reino de Dios ahora es vivir centrado en Dios, sin caer en el materialismo, o en un evangelio cómodo.
  • Nuestro llamado es a vivir en la comunión del reino ahora, implica mantenernos en comunión con Dios y con su cuerpo.
  • Lo eterno y lo temporal está unido, por eso nuestra vida debe manternerse íntegra ante Dios.

Comunión en la verdadera fe

Predicador: Mauricio Borrero

Éste es el mensaje que hemos oído de él y que les anunciamos: Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. Pero si vivimos en la luz, así como él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado.  Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.  Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros. Mis queridos hijos, les escribo estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo. Él es el sacrificio por el perdón de nuestros pecados, y no sólo por los nuestros sino por los de todo el mundo. ¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos. El que afirma: «Lo conozco», pero no obedece sus mandamientos, es un mentiroso y no tiene la verdad. En cambio, el amor de Dios se manifiesta plenamente en la vida del que obedece su palabra. De este modo sabemos que estamos unidos a él: el que afirma que permanece en él, debe vivir como él vivió. (1 Juan 1:5–2:6 NVI).

¿La vida cristiana es una vida de gozo o una vida aburrida?, ¿estamos viviendo una vida de fe, o una simple religión? Hoy, Mauricio Borrero, por medio de las palabras del apóstol Juan, nos hace el llamado del evangelio a llevar vidas de santidad que no comulguen ni cedan ante el pecado y la inmoralidad, considerando tres aspectos que no podemos perder de vista:

  1. Lo que Dios es.
  2. Lo que nosotros somos.
  3. Lo que Jesús hizo.

Conectándose con la cena del Señor

Predicador: Carlos Mendivelso

Al darles las siguientes instrucciones, no puedo elogiarlos, ya que sus reuniones traen más perjuicio que beneficio. En primer lugar, oigo decir que cuando se reúnen como iglesia hay divisiones entre ustedes, y hasta cierto punto lo creo. Sin duda, tiene que haber grupos sectarios entre ustedes, para que se demuestre quiénes cuentan con la aprobación de Dios. De hecho, cuando se reúnen, ya no es para comer la Cena del Señor,  porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, de manera que unos se quedan con hambre mientras otros se emborrachan. ¿Acaso no tienen casas donde comer y beber? ¿O es que menosprecian a la iglesia de Dios y quieren avergonzar a los que no tienen nada? ¿Qué les diré? ¿Voy a elogiarlos por esto? ¡Claro que no!  Yo recibí del Señor lo mismo que les transmití a ustedes: Que el Señor Jesús, la noche en que fue traicionado, tomó pan,  y después de dar gracias, lo partió y dijo: «Este pan es mi cuerpo, que por ustedes entrego; hagan esto en memoria de mí.» De la misma manera, después de cenar, tomó la copa y dijo: «Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; hagan esto, cada vez que beban de ella, en memoria de mí.»  Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga. Por lo tanto, cualquiera que coma el pan o beba de la copa del Señor de manera indigna, será culpable de pecar contra el cuerpo y la sangre del Señor. Así que cada uno debe examinarse a sí mismo antes de comer el pan y beber de la copa. Porque el que come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condena. Por eso hay entre ustedes muchos débiles y enfermos, e incluso varios han muerto. Si nos examináramos a nosotros mismos, no se nos juzgaría; pero si nos juzga el Señor, nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo. Así que, hermanos míos, cuando se reúnan para comer, espérense unos a otros. Si alguno tiene hambre, que coma en su casa, para que las reuniones de ustedes no resulten dignas de condenación. Los demás asuntos los arreglaré cuando los visite. (1 Co. 11:17-34, NVI).

Si alguien nos pregunta que significa el pan y el vino de la cena del Señor, ¿Que respondemos? ¿Qué significan estos símbolos para nosotros?  Hoy vamos a acercarnos al significado de estos símbolos a través del mensaje que Pablo da a la iglesia de corinto sobre este recordatorio tan importante para nuestra fe.

Este símbolo, esta cena, este memorial, nos recuerda cinco conexiones vitales que como creyentes debemos tener siempre presente:

  1. Conecta nuestro presente con nuestro pasado, celebrar la cena del Señor debe llevarnos a mirar esa noche en la que el Señor compartió el pan con los suyos.
  2. Conecta directamente con Dios.
  3. Conecta al individuo con una comunidad, con un cuerpo de creyentes.
  4. Conecta la creencia con la práctica, es una acción de gracias.
  5. Conecta nuestro presente con nuestro futuro, es un anticipo de la celebración venidera en el Reino.