La injusticia de la gracia

Predicador: Felipe Webb

Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.  Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza.  Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo.  Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?”  “Porque nadie nos ha contratado” , contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.” Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.  Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.” Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. Mateo 20.1-16 (NVI).

Este mensaje muestra muy bien el contraste entre la gracia de Dios y nuestra justicia. Cuando Jesús habla de la gracia de Dios en este pasaje nos confronta con nuestra envidia, nuestro sentido de justicia y de injusticia.

Este mensaje nos lleva a comprender la gracia divina a través de algunas preguntas en cuya respuestas vemos nuestra naturaleza humana y nuestra necesidad de un salvador:

  1. ¿Quienes fueron invitados a trabajar en la viña?
  2. ¿Cómo se pierde la perspectiva sobre nuestra pobreza?
  3. ¿Quienes realmente son los primeros y quienes los postreros?
  4. ¿Cómo y qué nos define?
  5. ¿Cuál es la bendición más grande que Dios nos ofrece?

En las respuestas de estas y otras preguntas Felipe Webb nos recuerda que no somos medidos por las obras que hacemos, sino por la gracia que recibimos.

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