Yo soy la resurrección y la vida

Predicación domingo

Fecha: 16 de septiembre.

Predicador: Luis Eduardo Ramírez.

Pasaje: Juan 11:1-37.

Entonces Jesús le dijo: —Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?

Las palabras de Jesús cuando se declara resurrección y vida son palabras de victoria sobre la muerte y el pecado, al levantar a Lázaro nos da la declaración más fuerte que puede hacer sobre su poder. Con este hecho Jesús nos recuerda una cuantas verdades:

  • Él no solo es Señor para una esperanza futura, lo es también para nuestra vida presente.
  • En Él podemos vivir el presente, confiando en su total control y señorío, aún en lo que no vemos.
  • Él tiene el poder de resucitar, de dar vida, aún a aquello que ya nosotros consideramos muerto.

El verdadero temor

Domingo 29 de agosto de 2012

1 Pedro 3:13-17.

Predicado: Theo Donner.

Palabras de esperanza

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Que Dios nuestro Padre les conceda gracia y paz. Siempre que oramos por ustedes, damos gracias a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues hemos recibido noticias de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todos los santos a causa de la esperanza reservada para ustedes en el cielo. De esta esperanza ya han sabido por la palabra de verdad, que es el evangelio que ha llegado hasta ustedes. Este evangelio está dando fruto y creciendo en todo el mundo, como también ha sucedido entre ustedes desde el día en que supieron de la gracia de Dios y la comprendieron plenamente. Así lo aprendieron de Epafras, nuestro querido colaborador y fiel servidor de Cristo para el bien de ustedes. Fue él quien nos contó del amor que tienen en el Espíritu. Por eso, desde el día en que lo supimos no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios y ser fortalecidos en todo sentido con su glorioso poder. Así perseverarán con paciencia en toda situación, dando gracias con alegría al Padre. Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz. Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. Colosenses 1:1-14 (NVI).

Predicador: Carlos Mendivelso.

El domingo comenzó una nueva serie de sermones basados en la epístola a los Colosenses. Hoy, en el primero de estos mensajes, el pastor Carlos Mendivelso nos recuerda, tal como lo hizo en su momento Pablo, algunas cuestiones importantes en cuanto al Reino y nuestra identidad en él. Pero sobre todo, este es un mensaje para recordar y profundizar en:

  1. Nuestro conocimiento de Él y de su voluntad.
  2. La comprensión de la heredad recibida por su sacrificio.
  3. La comprensión de la libertad recibida en él.

Esperar con esperanza

Ahora bien, en Jerusalén había un hombre llamado Simeón, que era justo y devoto, y aguardaba con esperanza la redención de Israel.  NVI Lucas 2:25

Predicador: Diego Cardona

Acabamos de terminar el año, y durante este esperamos muchas cosas: cambios en nosotros, en los hijos o en otras personas, tal vez en nuestro carácter o en el trabajo, o quizás en el plano espiritual. Y es probable que estos cambios no llegaron. Sin embargo, ante cada nuevo año nos preguntamos ¿Qué podemos esperar de él? Este mensaje nos habla sobre la espera del cristiano, la espera que para un personaje llamado Simeón se describe como aguardar con esperanza.

Esperar es algo que se puede hacer de diferentes formas y con diferentes actitudes, y esto es lo que hace la diferencia entre una espera con esperanza o desastres personales. Simeón, el personaje en el cuál se centra este mensaje, esperó durante toda su vida el cumplimiento de una promesa dada personalmente por Dios. Su esperanza estaba fundamentada en las Escrituras por un lado, y por otro, en una promesa única y personal: que no moriría sin antes ver al Cristo del Señor.

En este mensaje vamos a contemplar en primer lugar a Simeón como ejemplo de un creyente que espera con confianza en Dios, y en segundo lugar vamos a ver cuatro claves para aprender a transformar nuestra espera en esperanza.

¿Que vemos en Simeón?

Lo primero que vemos es su actitud ante el paso del tiempo, él esperó toda su vida. Entendió que no esperaba según su tiempo, sino según el tiempo de Dios, el Kairos, que es el momento escogido por Dios en su soberanía, y que nosotros no podemos medir, anticipar o predecir. Lo segundo que vemos es que esperaba basado en algo profundo y personal, una promesa individual: no moriría sin antes ver al Cristo del Señor. Sin embargo, esa promesa no tiene que ver con su historia propia, o su provecho personal. Esa promesa tan especial no estaba limitada a su propia historia, sino que pertenecía a la gran historia de Dios en medio de las pequeñas historias de los hombres. No era una esperanza egocéntrica sino teocéntrica. Y en tercer lugar, aunque él solo cargó a un bebé, y no vio lo que sería en el futuro ni vio sus obras maravillosas, declaró que su espera había sido satisfecha. La razón de esto es porque su esperar fue en Dios, el cimiento de su esperanza era Dios mismo.

Las cuatro claves para transformar la espera en aguardar con esperanza, según lo que vemos en Simeón son:

  1. Vivir sometido a la Palabra de Dios en sus dos dimensiones. La dimensión de la Palabra universal, declarada en las Escrituras. Y la dimensión de la palabra personal, individual, que nos guía.
  2. Vivir movidos por el Espíritu Santo, guiados, llevados hacia Jesús mismo.
  3. Vivir siendo adoradores, presentándonos ante Dios en el nombre de Jesús. Como Simeón, adorar contemplando a Jesús.
  4. Vivir con propósito, cumpliendo la misión cristiana. Los que esperan en Dios buscan ser bendición a otros.

La conclusión final: Aguardar con esperanza nos lleva a mirar el evangelio, que es el encuentro con alguien perfecto que transforma nuestra espera en esperanza. Y al encontramos con el evangelio, debemos vivir en él, en la Palabra, en el espíritu, en adoración y con propósito.