Cuando Jesús viene a casa: el amor del perdonado

Predicador: Ronald Orozco

Por esto te digo: si ella ha amado mucho, es que sus muchos pecados le han sido perdonados. Pero a quien poco se le perdona, poco ama. (Lucas 7.47)

El mensaje de hoy nos lleva a una reunión en una casa, al seno de un hogar al que llegó Jesús para confrontarnos sobre las bases de nuestro amor por él. Entre los muchos personajes de este relato, además de Jesús mismo, resaltan dos. Simón, el dueño de la casa, y una mujer anónima, considerada pecadora y que pese a no ser invitada entró en la casa en una acto de osadía y amor por Jesús, su salvador.

Cuando Jesús llega a casa nos confronta con la dura realidad de ser deudores de una deuda que no podemos pagar. Y cuando nos muestra que solo su amor paga la deuda nos confronta con la dura interrogante: ¿Cuánto amas a Jesús?

No confies en ti mismo…

Predicador: Carlos Mendivelso

A algunos que, confiando en sí mismos, se creían justos y que despreciaban a los demás, Jesús les contó esta parábola: 10 «Dos hombres subieron al *templo a orar; uno era *fariseo, y el otro, *recaudador de impuestos. 11 El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos. 12 Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que recibo.” 13 En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!”
14 »Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa *justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

NVI Lucas 18:9-14

Se nos ha enseñado a  confiar en nuestras propias capacidades, en lo que podemos hacer, en lo que podemos controlar.. nos dicen: “Tú eres el límite”; “¡¡confía en ti y lo lograrás!!” …pero el ser humano se ha demostrado a sí mismo que no se puede confiar en él. Por otra parte encontramos a personas que confían tanto en sí mismas que se creen con el derecho  de despereciar a otros en “quienes no confían”, que tal vez “no pueden hacerlo como ellos”….

Cuando te comparas con otros, pretendes conocer “Tu medida”, pero hoy, el predicador nos invita a compararnos con Cristo; así veremos qué medida de Él tenemos en nosotros; cuando te comparas con Jesús, entiendes cuan pecador o que tan justo eres… o si más bien eres de quienes se comparan con lo “más grandes” y te sientes “pequeño”.. te invito a que descubras la grandeza de Cristo en tí… El mensaje de hoy nos enseña que no debemos confiar en nosotros mismos. Por el contrario, nuestra confianza en nosotros estorba al plan de Dios. Más bien confía en lo que Dios tiene planeado para tí y lo que Él hará contigo!!!

La injusticia de la gracia

Predicador: Felipe Webb

Así mismo el reino de los cielos se parece a un propietario que salió de madrugada a contratar obreros para su viñedo. Acordó darles la paga de un día de trabajo y los envió a su viñedo.  Cerca de las nueve de la mañana, salió y vio a otros que estaban desocupados en la plaza.  Les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo, y les pagaré lo que sea justo.” Así que fueron. Salió de nuevo a eso del mediodía y a la media tarde, e hizo lo mismo.  Alrededor de las cinco de la tarde, salió y encontró a otros más que estaban sin trabajo. Les preguntó: “¿Por qué han estado aquí desocupados todo el día?”  “Porque nadie nos ha contratado” , contestaron. Él les dijo: “Vayan también ustedes a trabajar en mi viñedo.” Al atardecer, el dueño del viñedo le ordenó a su capataz: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos contratados hasta llegar a los primeros.” Se presentaron los obreros que habían sido contratados cerca de las cinco de la tarde, y cada uno recibió la paga de un día.  Por eso cuando llegaron los que fueron contratados primero, esperaban que recibirían más. Pero cada uno de ellos recibió también la paga de un día. Al recibirla, comenzaron a murmurar contra el propietario. “Estos que fueron los últimos en ser contratados trabajaron una sola hora —dijeron—, y usted los ha tratado como a nosotros que hemos soportado el peso del trabajo y el calor del día.” Pero él le contestó a uno de ellos: “Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga? Tómala y vete. Quiero darle al último obrero contratado lo mismo que te di a ti. ¿Es que no tengo derecho a hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O te da envidia de que yo sea generoso?” Así que los últimos serán primeros, y los primeros, últimos. Mateo 20.1-16 (NVI).

Este mensaje muestra muy bien el contraste entre la gracia de Dios y nuestra justicia. Cuando Jesús habla de la gracia de Dios en este pasaje nos confronta con nuestra envidia, nuestro sentido de justicia y de injusticia.

Este mensaje nos lleva a comprender la gracia divina a través de algunas preguntas en cuya respuestas vemos nuestra naturaleza humana y nuestra necesidad de un salvador:

  1. ¿Quienes fueron invitados a trabajar en la viña?
  2. ¿Cómo se pierde la perspectiva sobre nuestra pobreza?
  3. ¿Quienes realmente son los primeros y quienes los postreros?
  4. ¿Cómo y qué nos define?
  5. ¿Cuál es la bendición más grande que Dios nos ofrece?

En las respuestas de estas y otras preguntas Felipe Webb nos recuerda que no somos medidos por las obras que hacemos, sino por la gracia que recibimos.