El llamado de la Navidad

Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es *Cristo el Señor”. NVI Lucas 2:11

Predicador: Felipe Webb

 Luego de escuchar este podcast, y mirar este contexto decembrino, de niños sonando cascabeles y cantando villancicos en las novenas navideñas, de ver el empeño de muchos por construir un buen pesebre, comprendo que por mucho tiempo he participado de otra celebración, de una muy distinta a la verdadera navidad…

Cada año se celebra la navidad, y ¿que hay de nuevo en esta?, es la pregunta que se hace el predicador, y prosigue en su mensaje centrado en el nacimiento de un Rey, no sólo de un niño, sino de un rey. Es su nacimiento ciertamente como las dos caras de una moneda; por un lado José y María ven un salvador, por otro, Herodes percibe una amenaza, y esto es aplicable a nuestra cotidianidad: en nuestra condición de pecado vemos por un lado a un salvador, a un Rey, pero a menudo nuestros propios deseos e ímpetu de “autocontrol” perciben una amenaza, pues el nacimiento de un rey significa sometimiento de parte nuestra y es esa la parte que generalmente más nos cuesta, la de someternos a su voluntad como rey de nuestra vidas.

Como cristianos corremos el riesgo de acostumbrarnos a las bendiciones y las misericordias de Dios,  y ¡hasta nos convencemos que su gracia inmerecida es un derecho que nos corresponde!, por eso cuando Dios nos da el trato que nos merecemos (en su soberanía), alegamos de injusticia. ¿Paradójico no?, a veces percibimos el trato justo de Dios como una injusticia… olvidamos que es un Rey el que ha nacido, no un consultor personal a quien voy cuando tengo una necesidad o un problema que resolver, o peor aún, nos enfadamos con Dios porque no nos consulta sus planes. José y María no fueron consultados sobre si querían cambiar sus vidas, posponer la noche de bodas por 9 meses y dar a luz en un pesebre mientras sufrian la persecución de Herodes; sin embargo José y Maria nos enseñan que al disponer su corazón a Dios, todo lo que ocurra en sus vidas no será para su propio beneficio sino para bendición de otros, y que Dios mismo demandará 3 cosas de quien decida seguirle:

    •  Nos llevará Donde Él quiera
    • Lo hará cuando Él quiera (ten presente que el llamado de Dios no es “mañana”)
    • Nos llamará para que hagamos lo que Él quiera.

Y cómo lo dije en un principio… no es la novena para un niño recién nacido, ni la celebración de una época del año; es el nacimiento de un Rey, a quien entrego todo lo que soy y todo lo que tengo, a quien someto mi voluntad por su propósito.

Sea pues este el llamado de la navidad, la  ocasión para celebrar el nacimiento del Rey Jesús en nuestros corazones, y el cantico de celebración una alabanza en agradecimiento por sus misericordias que son nuevas cada mañana.

Genealogía de Jesus

 Predicador: Milton Acosta

Es común querer pasar de largo cuando uno se “topa” en la biblia con una genealogía (sobre todo las del libro de números); sin embargo en esta reflexión, es bastante enriquecedor escuchar al predicador Milton Acosta cómo enseña en este episodio que cada genealogía tiene su historia, y particularmente en Mateo capitulo 1, observamos el lado humano de Jesus; por una parte, se deja entrever  que la cuna de Jesus en esta genealogía no es muy “glamorosa” – así lo describe el predicador –  y por otra entendemos que la evidencia de un pecado requiere de un redentor: de un salvador.

Así es que por mucho que procuremos “maquillar” nuestras vidas, no podemos controlar quien nos recordará, ni cómo seremos recordados; ni si quiera, cómo actuarán nuestras futuras generaciones, (asunto de genealogías) tema que queda muy claro en evangelio según Mateo, en  que Jesus siendo el mesías, en su condición de humano tuvo una genealogía cicatrizada por el pecado.

Algunas veces creemos que hay pecados tan grandes que no pueden ser redimidos por la sangre de Cristo, parecieran inolvidables, que regresan para acusarnos, como si nos persiguieran para atormentarnos, cuando recordamos errores que cometimos en el pasado y nos sentimos indignos, es justo allí que es necesario revisar esta genealogía; donde Jesús, siendo Dios mismo, se encarna en una forma humana indigna –como lo describe el predicador – “manchada” de pecado por sus generaciones anteriores, pero dejándonos claro que no hay pecado que Dios no pueda perdonar, ni culpas y tormentos que Jesus no pueda restaurar.

Ese es el mensaje de hoy, así como Jesús le dijo a la mujer quien fue encontrada en adulterio y fue llevada ante Él (Juan 8:3-11): “Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar”.