El secreto de dar con gozo: recuerda de dónde vienen las riquezas

Predicador: Carlos Mendivelso

Fecha: 09 de marzo

…Cuídate de no olvidar al Señor tu Dios dejando de guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no sea que cuando hayas comido y te hayas saciado, y hayas construido buenas casas y habitado en ellas, y cuando tus vacas y tus ovejas se multipliquen, y tu plata y oro se multipliquen, y todo lo que tengas se multiplique, entonces tu corazón se enorgullezca, y te olvides del Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre… (Deuteronomio 8).

Cómo aplicar la biblia a la vida diara

Predicador: Carlos Mendivelso

La *ley del Señor es perfecta:
infunde nuevo *aliento.
El mandato del Señor es digno de confianza:
da sabiduría al *sencillo.
8 Los preceptos del Señor son rectos:
traen alegría al *corazón.
El mandamiento del Señor es claro:
da luz a los ojos.
9 El temor del Señor es puro:
permanece para siempre.
Las sentencias del Señor son verdaderas:
todas ellas son justas.
10 Son más deseables que el oro,
más que mucho oro refinado;
son más dulces que la miel,
la miel que destila del panal.
NVI Salmo 19:7-10

 

En este episodio, el predicador nos explica de manera pragmática cómo aplicar la biblia a nuestra vida cotidiana, y hace la siguiente reflexión: será cierto que ¿es más deseable la palabra de Dios que cien millones de pesos?, o ¿será más deliciosa que un buen arequipe, o quizá el postre que más le guste a usted? – eso es precisamente lo que dice el salmista –  al parecer él había experimentado el valor de la palabra de Dios y degustados su dulzura, al punto de expresarlo en este salmo.

En este sermón puedes comprender cómo empezar a aplicar la palabra de Dios en tu vida diaria, y en la medida que experimentes su poder transformador, entonces no sólo entenderás lo que dice el salmista sino que estarás de acuerdo en contarlo a otros.

El orgullo, una bestia insaciable

Predicador: Janeth Guerrero

“Aquella persona era como el gallo,  quien pensaba que el sol salía para oírla cantar”

(G. Elliot)

En el segundo libro de los reyes, en el capítulo cinco, encontramos una historia en la que nos reflejamos, una historia que nos habla del orgullo, el manejo del poder y los poderosos. Esta es la historia de Naamán, un hombre poderoso, que estaba en la cima del poder, la fama y la riqueza, pero que tenía un problema, era leproso.

La historia de Naamán que veremos hoy nos muestra tres cosas sobre el orgullo:

  1. La clase de persona que son los orgullosos. Sus valores, su forma de tratar y ver el mundo.
  2. El trato que Dios le da a los orgullosos. Dios no se vale de los medios y recursos de los orgullosos, él obra soberanamente.
  3. La clase de personas en las que Dios convierte a los orgullosos. Dios transforma corazones orgullosos en corazones de siervos.

La oración en el libro proverbios

El Señor aborrece las ofrendas de los malvados,
pero se complace en la oración de los justos.

Proverbios 15:8

Como hemos escuchado desde el principio de la serie de sermones sobre proverbios, el contexto general de este libro puede describirse como “la instrucción de vida de un padre a su hijo” y esto se deduce al ver la manera en la que empiezan los capítulos con el discurso de  “escucha hijo mío…”; y es en este contexto que el mayor consejo que le da el padre a su hijo es el del temor a Dios. En este podcast entenderemos que además de temer a Dios, hay una invitación mayor en el libro de proverbios que conecta a
ese “Padre” con el “Hijo” y es la Oración: La intimidad entre el Creador y su creación.

Dios se goza en la oración de los Justos y bien decía el salmista: deléitate en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón. Si es la oración la oportunidad de deleite entre Dios y el hombre, y es tan necesaria como el aire que respiramos ¿Por qué nos cuesta tanto orar?.  Es paradójico que algo que produzca gozo y deleite cueste tanto.

El predicador expone en este podcast 2 causas que estorban para la oración y hace que ésta sea una carga y no un deleite:

1.)    Orgullo y soberbia: Se refleja en la manera en la que “calificamos”,
“COMPARAMOS”, “valoramos” y “vemos”  lo que tenemos y a quienes nos rodean. Cuando creemos que basta de nuestra autosuficiencia y no de la misericordia de Dios para vivir, es una señal manifiesta del orgullo; cuando la oración  que hacemos redunda en palabras como protegeME, susténtaME, AyudaME, daME, en lugar de protégeNOS, susténtaNOS, ayúdaNOS, daNOS, es una señal manifiesta de la soberbia. Y esto estorba en una relación íntima con Dios.

2.)   El pecado: bien lo dice Proverbios 28:13 “Quien encubre su pecado jamás prospera;  quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”. Paradójicamente cuando tenemos la oportunidad de estar en la presencia de Dios, en lugar de descubrir nuestro pecado y correr al trono de la gracia, caemos de nuevo en la oración soberbia: protegeME,
susténtaME, AyudaME, daME.

Finalmente, entendemos que oramos en el nombre de Jesús, porque por Él somos justificados, y presentados limpios delante de Dios: es por Gracia y no por obras; de no ser así, no tendríamos la oportunidad de entablar una conversación con Dios en la que tengamos deleite y gozo.

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