El Sermón del Monte PXIII – Cuidado con el juicio

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen. Mateo 7:1-6 (NVI).

Predicador: Carlos Mendivelso.

Este pasaje comienza con la frase “No juzguen a nadie” porque Jesús sabe lo fácil que es para nosotros rotular y  ponerle etiquetas a los demás. Él nos dice esto como un recordatorio para, que al escuchar todas las enseñanzas previas en los capítulos anteriores, no caigamos en el error de empezar a etiquetar a otros sin mirarnos a nosotros mismos.

Pero también hace esta advertencia sobre juzgar a otros porque:

  1. La forma como juzgamos se aplicará a nosotros mismos, y más aún si lo hacemos a la ligera o sin piedad.
  2. Debemos recordar que tenemos una tendencia a juzgar a otros sin mirarnos a nosotros mismos y a nuestras fallas.
  3. Somo incapaces de quitarnos esa viga del ojo por nosotros mismos, Dios es el único que nos puede liberar de nuestras fallas y hacernos rectos.

Por último, este mensaje no nos llama a no juzgar, sino a juzgar con discernimiento de lo bueno y lo malo, con comprensión y con misericordia; buscando siempre la restauración del otro.

La sabiduría en la restauración de las relaciones

Predicador: Cesar Villanueva

El que cubre la falta busca amistad;
Mas el que la divulga, aparta al amigo.

Proverbios 17:9

A menudo observamos el mundo, las personas y nuestro entorno de acuerdo a nuestros prejuicios (o mapas mentales) y nuestras experiencias aprendidas de la infancia en lugar de hacerlo a través de la Palabra de Dios; en este episodio, el sicólogo y predicador César Villanueva nos habla sobre la sabiduría en la restauración de las relaciones, y nos muestra que aunque estemos en un mundo cambiante, donde es más fácil cambiar  algo que restaurarlo , no debe ser así con las personas ni en la forma de relacionarnos. Finalmente nos invita a vivir un relación sana con estas simples pero poderosas pautas bíblicas:

  • Cubrir la falta: (Prov. 17:9), se entiende por cubrir, la capacidad de perdonar; la de aquel capaz de proteger al otro y su relación por un corazón perdonador nutrido de la palabra de Dios, y es así como aprendemos a valorar al otro por lo que verdaderamente es y no por lo que nos hizo. (Tal vez el perdón no pueda cambiar tu pasado, pero sí puede cambiar tu futuro.)
  • Reclamar: (Prov.  27:5-6), reclamar el amor verdadero, como quien defiende lo que ama, en muchas relaciones no hay reclamos sinceros, por que existe temor, miedo y ello genera una falsa sensación de bienestar que disfraza el dolor de hipocresía. Dios nos quiere ayudar a descansar en la gracia de amor verdadero y como tal lo reclama.
  • No esconder el dolor: (Prov. 10:18), cuando hablamos de “odio” nos referimos a la posibilidad de ser herido, y ello es inevitable cuando amamos y/o estamos en una relación, aunque no podamos evitar que nos ofendan, es nuestra decisión que hacer con ello, y el camino equivocado es guardarlo en el corazón. Cuando te ofendan, reclama, porque esconder el dolor te llevará a una mentira.
  • Ser prudentes: (Prov. 11:12-13). No menosprecies a tu prójimo aunque a tu juicio esté equivocado, más bien como nos invita la Palabra, pronto para oír tardo para airarse, lograr una actitud pacificadora; la prudencia protege la relación antes de hacer Juicio y proferir palabra, la prudencia te ayuda a construir. ¡Que no tengan que pasar muchos años antes de aprender a ser prudentes!.
  • Tener misericordia (Prov. 25:21-22). Incluso quienes menos lo merecen (según la ofensa y el dolor que tenemos), necesitan de amor y de un amigo, tienen hambre de un abrazo y sed de una palabra de afecto, es pues la invitación de “sustentar” al que nos aborrece y vencer el mal haciendo el bien, esta es la batalla del corazón.

Y es de esta manera como Dios cubrió nuestros pecados, nos ha reclamado aquel primer amor olvidado, no ha encubierto el dolor del sacrificio de su hijo amado por nosotros, ha sido prudente para encontrar nuestro pecado y nos ha abierto sus brazos de misericordia a fin de restaurar su relación con nosotros. Seamos pues imitadores de su gran amor restaurador.

En este enlace encontrarás la diapositiva con los versículos mencionados:
Sabiduría en la restauración de las relaciones

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