El Sermón del Monte PV – ¡Me saca la piedra!

«Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal.” Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal. Es más, cualquiera que insulte a su hermano quedará sujeto al juicio del Consejo. Pero cualquiera que lo maldiga quedará sujeto al juicio del infierno.» Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar. Ve primero y reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. »Si tu adversario te va a denunciar, llega a un acuerdo con él lo más pronto posible. Hazlo mientras vayan de camino al juzgado, no sea que te entregue al juez, y el juez al guardia, y te echen en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que pagues el último centavo. (Mat 5:21-26)

 Predicador: Milton Acosta

Hay muchas cosas que nos enojan y molestan, nos indignan y nos causan ira. Podemos molestarnos por situaciones tan triviales como la desaparición de un destornillador su sitio cuando lo necesitamos; o por situaciones como la muerte de un niño por el hambre en una región del país con muchos recursos y riqueza.

¿Existen diferentes tipos de ira? Y en caso de que existan, ¿Todas tienen el mismo castigo?

Este mensaje nos lleva por esa parte del sermón del monte tan difícil, en la que Jesús nos habla de la ira y del homicidio. De una manera muy sencilla, Milton Acosta a través de los mismos ejemplos de Jesús en el pasaje nos muestra que:

  1. Cuando Jesús habla de asesinar al hermano, se está hablando de una estrategia escalonada de pecado a la que nos conduce la ira, más que una condenación por sólo decir “necio” o insultar al hermano.
  2. Cuando Jesús nos habla del insulto nos deja ver las características del mismo y del rol del que insulta y del insultado.
  3. Cuando Jesús nos habla del insulto, nos deja ver también la imperiosa necesidad de buscar la reconciliación.

En esta sección del sermón del monte la invitación no es sólo a cuidar nuestro trato con otros, sino a buscar siempre la reconciliación con la urgencia del que tiene la deuda que que obliga a buscar de forma desesperada un acuerdo con el acreedor antes de que se le castigue por el incumplimiento.