El Sermón del Monte PXVI – Los falsos profetas

Un árbol bueno no puede dar fruto malo, y un árbol malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán. No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” Mat 7:18-23. NVI.

Predicador: Milton Acosta.

Ya en el final del sermón del monte Jesús nos hace una serie de tres advertencias, la primera sobre seguir el camino angosto, y que fue presentada la semana pasada por Janeth Guerrero, hoy se presenta la segunda advertencia referente a los falsos profetas.

Este mensaje es un llamado de advertencia de jesús ante los falsos profetas, un llamado a cuidarnos mutuamente, a ser cuidadosos y pacientes.

En esta exposición Milton Acosta nos muestra tres asuntos sobre los falsos profetas:

  1. Una advertencia de Jesús sobre los falsos profetas.
  2. Una visión de como trabajan los falsos profetas.
  3. Una vista de lo que pasará con los falsos profetas.

El Sermón del Monte PXV – Entrar por la puerta estrecha

Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran. Mateo 7:13-14. (NVI).

Predicador: Janeth Guerrero.

Hoy Jesús nos hace una invitación retadora, hoy nos está invitando a pasar por esa puerta estrecha y a seguir ese camino angosto por el que muy pocos transitan. Como se muestra en esta enseñanza, el llamado es a dejarlo todo, a soltar el equipaje, a caminar con estrechez y a vivir una vida entregada solo a Él.

En el mensaje de hoy se nos recuerda que es imposible el punto medio en la vida del discípulo de Cristo, se nos recuerda también que el camino al que se nos invita es intransitable para el que quiere llevar equipaje o conciliar los “beneficios” del mundo con la vida del Reino.

Pero este no es un mensaje para limitarnos o para hacernos sentir mal, porque nos recuerda también que es posible dejarlo todo y pasar la puerta estrecha, porque al final del camino hay un tesoro, el tesoro reservado para los que deciden por el Reino de Dios.

El Sermón del Monte PXIV – Pidan y se les dará

Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. ¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, le da una serpiente? Pues si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más su Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le pidan! Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas. Mateo 7:7-12.

Predicador: Mauricio Borrero.

Este pasaje retoma nuevamente el tema de la oración y la búsqueda del Reino y su provisión. En él Jesús nos muestra tres cosas que Dios quiere que sepamos y aprendamos:

  1. Él quiere que seamos perseverantes en nuestras oraciones, que nos acerquemos a Él con fe y esperanza.
  2. Él quiere que entendamos que es un padre proveedor, que cumple sus promesas.
  3. Él quiere que seamos una comunidad que persevere con integridad y justicia.

El Sermón del Monte PXIII – Cuidado con el juicio

No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes. Porque tal como juzguen se les juzgará, y con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes. ¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano. No den lo sagrado a los perros, no sea que se vuelvan contra ustedes y los despedacen; ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen. Mateo 7:1-6 (NVI).

Predicador: Carlos Mendivelso.

Este pasaje comienza con la frase “No juzguen a nadie” porque Jesús sabe lo fácil que es para nosotros rotular y  ponerle etiquetas a los demás. Él nos dice esto como un recordatorio para, que al escuchar todas las enseñanzas previas en los capítulos anteriores, no caigamos en el error de empezar a etiquetar a otros sin mirarnos a nosotros mismos.

Pero también hace esta advertencia sobre juzgar a otros porque:

  1. La forma como juzgamos se aplicará a nosotros mismos, y más aún si lo hacemos a la ligera o sin piedad.
  2. Debemos recordar que tenemos una tendencia a juzgar a otros sin mirarnos a nosotros mismos y a nuestras fallas.
  3. Somo incapaces de quitarnos esa viga del ojo por nosotros mismos, Dios es el único que nos puede liberar de nuestras fallas y hacernos rectos.

Por último, este mensaje no nos llama a no juzgar, sino a juzgar con discernimiento de lo bueno y lo malo, con comprensión y con misericordia; buscando siempre la restauración del otro.

El Sermón del Monte PIII – ¡Ya eres sal y luz!

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor? Ya no sirve para nada, sino para que la gente la deseche y la pisotee. Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse. Ni se enciende una lámpara para cubrirla con un cajón. Por el contrario, se pone en la repisa para que alumbre a todos los que están en la casa. Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes y alaben al Padre que está en el cielo.”
(Mat 5:13-16)

Predicador: Carlos Mendivelso

Continuamos con la serie del sermón del monte, y nuevamente se nos recuerda lo que ya somos en el Reino a través de dos ilustraciones: la sal y la luz.

A través de estas dos comparaciones, El Señor nos habla de dos de las características que deben definir a todo discípulo: nuestra identidad y nuestro propósito.

Identidad: Cuando se nos compara con la sal y la luz, no se nos dice lo que debemos ser, sino que se nos dice lo que ya somos: Ustedes son la sal… son la luz… No partimos en nuestra vida cristiana para ser algo, ¡Ya los somos! En el Reino tenemos una identidad.

Propósito: La sal tiene una función importante: evita la corrupción, preserva. Y de igual forma, la luz aleja la oscuridad, disipa las tinieblas. Ya sea como un agente preservativo, o como luz, estamos llamados a ser visibles, activos, no nos podemos esconder, ni individualmente ni como cuerpo.

Por último, tenemos que entender que para ser sal y luz tenemos que acercarnos a la fuente que nos da ese sabor, a la fuente que hace que reflejemos la luz: a Dios mismo.