La oración en el libro proverbios

El Señor aborrece las ofrendas de los malvados,
pero se complace en la oración de los justos.

Proverbios 15:8

Como hemos escuchado desde el principio de la serie de sermones sobre proverbios, el contexto general de este libro puede describirse como “la instrucción de vida de un padre a su hijo” y esto se deduce al ver la manera en la que empiezan los capítulos con el discurso de  “escucha hijo mío…”; y es en este contexto que el mayor consejo que le da el padre a su hijo es el del temor a Dios. En este podcast entenderemos que además de temer a Dios, hay una invitación mayor en el libro de proverbios que conecta a
ese “Padre” con el “Hijo” y es la Oración: La intimidad entre el Creador y su creación.

Dios se goza en la oración de los Justos y bien decía el salmista: deléitate en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón. Si es la oración la oportunidad de deleite entre Dios y el hombre, y es tan necesaria como el aire que respiramos ¿Por qué nos cuesta tanto orar?.  Es paradójico que algo que produzca gozo y deleite cueste tanto.

El predicador expone en este podcast 2 causas que estorban para la oración y hace que ésta sea una carga y no un deleite:

1.)    Orgullo y soberbia: Se refleja en la manera en la que “calificamos”,
“COMPARAMOS”, “valoramos” y “vemos”  lo que tenemos y a quienes nos rodean. Cuando creemos que basta de nuestra autosuficiencia y no de la misericordia de Dios para vivir, es una señal manifiesta del orgullo; cuando la oración  que hacemos redunda en palabras como protegeME, susténtaME, AyudaME, daME, en lugar de protégeNOS, susténtaNOS, ayúdaNOS, daNOS, es una señal manifiesta de la soberbia. Y esto estorba en una relación íntima con Dios.

2.)   El pecado: bien lo dice Proverbios 28:13 “Quien encubre su pecado jamás prospera;  quien lo confiesa y lo deja, halla perdón.”. Paradójicamente cuando tenemos la oportunidad de estar en la presencia de Dios, en lugar de descubrir nuestro pecado y correr al trono de la gracia, caemos de nuevo en la oración soberbia: protegeME,
susténtaME, AyudaME, daME.

Finalmente, entendemos que oramos en el nombre de Jesús, porque por Él somos justificados, y presentados limpios delante de Dios: es por Gracia y no por obras; de no ser así, no tendríamos la oportunidad de entablar una conversación con Dios en la que tengamos deleite y gozo.

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